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Bolas de Dragón

Bolas de Dragón

Hay quién actúa como si el trading fuese una actividad parecida a la que realizaba Son Goku con la búsqueda de las Bolas de Dragón: Hay cierto número de elementos que reunir, y poner en su lugar, y a partir de ahí ya está, uno se convierte en un trader de éxito que puede operar en cualquier mercado.

Estos elementos "mágicos" comienzan siendo, generalmente,  indicadores técnicos que forman un Sistema de Trading: Osciladores que indican cuando el precio está sobrecomprado o sobrevendido, Medias que señalan la tendencia, Proyecciones y Retrocesos de Fibonacci que ponen al descubierto áreas de confluencia...

Si el trader es lo suficientemente avispado y logra sobrevivir a los primeros meses, es posible que tenga la fortuna de incorporar otros elementos menos tangibles pero absolutamente necesarios. Conceptos como el Riesgo de Ruina, el Draw Down Máximo, el Money Management o la Gestión Emocional aparecen en el horizonte como otras Bolas de Dragón que hay que encontrar.

Cuando estos elementos han sido comprendidos, y se incorporan en la actividad diaria del trader, aparece otro gran reto: la disciplina. Así el operador comienza a comprender que, si no es firme en la ejecución de su plan de trabajo, no logrará resultados sostenibles en el tiempo. Justamente es la disciplina, de la mano de la Gestión Emocional, la responsable del fracaso de la mayoría de participantes, y es que los traders suelen sabotear su éxito yendo en contra de las reglas y principios que saben que deben seguir.

Si el trader logra el dominio de los elementos técnicos de un Sistema de Trading, incorpora los principios clave que tienen que ver con la gestión del riesgo, de la posición y de sus emociones, y logra ser disciplinado, ha recorrido, sin duda, un largo trecho en el camino hacia la consistencia.

Ahora bien, llegado a este punto, puede ser que el trader siga albergando ideas equivocadas sobre lo que es necesario para tener éxito en los mercados. Hay una variable que no puede dejar de lado y que hace que el trading no sea como buscar las Bolas de Dragón, y es que no es cierto que una vez se han incorporado estos elementos uno esté ya preparado y listo para triunfar.

Los mercados no son entes inertes e inmutables, sino más bien relaciones dinámicas entre agentes sujetas a cambios constantes. De la interacción de los cientos de miles de participantes que se acercan al mercado para satisfacer sus intereses particulares, se generan unos movimientos u otros, y así, los mercados se mueven de forma alcista, o bajista, o en congestión, y con unos grados de volatilidad y liquidez.

El aspirante a trader profesional tiene que incorporar la capacidad de ajustar su desempeño a la dinámica que exprese el precio, y esta dinámica está en un cambio perpetuo, así que su forma de operar deberá ser flexible y adaptable.

Si el trader cree que una vez ha aprendido un sistema este va a seguir funcionando de por vida se equivoca, y esto es necesariamente así porque el sistema tiene que estar al servicio de la estructura del mercado y no la estructura del mercado al servicio del sistema. Los sistemas de trading están diseñados para identificar aquellos momentos donde hay una probabilidad mayor de que el precio se mueva a favor del trader, y su esencia es el estudio de la cotización del precio. Pero la cotización del precio varía a medida que varían los intereses de los participantes.

De unos años a esta parte los cambios en la estructura del mercado se han acelerado y así, lo que antes sucedía lentamente ahora pasa a gran velocidad. Esto es así, en parte, por la influencia de las nuevas tecnologías. La globalización y el flujo de la información, apalancada en los recursos que la informática, la ingeniería,  y la matemática moderna nos permiten, hacen que los mercados manifiesten cambios acelerados tanto en su composición como en su comportamiento.

Sin ir más lejos, se estima que el Trading de Alta Frecuencia (HFT) supuso en el 2010, un porcentaje superior al 70% de las transacciones...

Estos elementos de tipo tecnológico se suman a las medidas de excepción que los gobiernos y los bancos centrales tienen que tomar como consecuencia de la crisis.

El resultado es que la estructura de los mercados danza a un son desenfrenado componiendo una cacofonía que obliga al trader a ajustar sus pasos si no quiere ser pisado una y otra vez. Y estos ajustes deben incorporarse primero en el bagaje mental del operado que tiene que comprender que se trata de algo ineludible, y luego en el bagaje técnico que le permita responder de forma apropiada a la nueva estructura.